Claudio Fermín: «Para mejorar los salarios hay que reformar el Estado»

Desde hace algún tiempo las respuestas del gobierno en materia salarial han revelado que tiene varias limitaciones económicas.

A principios del pasado año 2022 un instructivo de la Oficina Nacional de Presupuesto (ONAPRE), referido a los criterios mediante los cuales se pondrían en práctica un incremento salarial decretado por el presidente Maduro, continuaron una avalancha de protestas reclamando su derogación porque esas normas eliminaban las primas salariales de los empleados públicos, al igual que se desconocía la antigüedad de los trabajadores y en general ignoraba los acuerdos alcanzados en contrataciones colectivas previas al aumento salarial recién decretado. Reducir sueldos y eliminar beneficios nada tenía que ver con el mejoramiento o nivelación que estaba en el espíritu de la decisión de Maduro. Parecía como si desde la propia ONAPRE saboteaban el aumento provocando un clima de protesta callejera y de descontento generalizado que se suponía debía ser aminorado con la medida presidencial. 
¿Estábamos en presencia de funcionarios ineptos a cargo de la instrumentación de la medida? ¿Mantener ese instructivo era una medición de fuerzas con el movimiento sindical y magisterial que protestaba en la calle o un empeño en no darles la razón? ¿Cómo pudo extenderse por tanto tiempo la supuesta vigencia del instructivo con la reacción de repudio generalizado que esas normas generaron? Hay que concluir que no fue sino un intento audaz de ahorrarse dinero porque el gobierno carecía de fondos. Era “cumplir con el aumento”, pero recortando aquí y rebajando por allá. ¿Estábamos en presencia de funcionarios ineptos a cargo de la instrumentación de la medida? ¿Mantener ese instructivo era una medición de fuerzas con el movimiento sindical y magisterial que protestaba en la calle o un empeño en no darles la razón? ¿Cómo pudo extenderse por tanto tiempo la supuesta vigencia del instructivo con la reacción de repudio generalizado que esas normas generaron? 
Hay que concluir que no fue sino un intento audaz de ahorrarse dinero porque el gobierno carecía de fondos. Era “cumplir con el aumento”, pero recortando aquí y rebajando por allá. ¿Estábamos en presencia de funcionarios ineptos a cargo de la instrumentación de la medida? ¿Mantener ese instructivo era una medición de fuerzas con el movimiento sindical y magisterial que protestaba en la calle o un empeño en no darles la razón? ¿Cómo pudo extenderse por tanto tiempo la supuesta vigencia del instructivo con la reacción de repudio generalizado que esas normas generaron? Hay que concluir que no fue sino un intento audaz de ahorrarse dinero porque el gobierno carecía de fondos. Era “cumplir con el aumento”, pero recortando aquí y rebajando por allá.Y el último trimestre de ese mismo año ocurrió algo inédito. En varias ocasiones los gobiernos anteriores habían decretado aguinaldos extraordinarios, concediendo un mes o dos meses adicionales de aguinaldos para recompensar el esfuerzo de los trabajadoresPero el año 2022 fue distinto. El gobierno ni siquiera pudo pagar los aguinaldos completos. Tuvo que pagarlo por partes, lo que desnaturalizaba la razón de ser de los mismos. No pueden ser utilizados para viajes de reencuentros familiares o para cumplir con compromisos que se habían adquirido tomando en cuenta el ingreso extraordinario de finales de año. Ese recorte en el tradicional aguinaldo ocurrió porque el gobierno no disponía de recursos para atender esas obligaciones. Lo demás es cuento.En días recientes, ante fuertes protestas contra el alto costo de la vida y las exigencias de aumentos salariales, la respuesta del gobierno fue un bono de 580 bolívares para los educadores activos y de 405 bolívares para los jubilados. Todos saben que esos bonos no resolverán la erosionada capacidad adquisitiva de quienes lo reciben. Pero es lo que hay. El bloqueo económico ha sido un tapón para los ingresos nacionales y el gobierno no tiene dinero.
Cada día se le hace más difícil al Estado cumplir con la carga burocrática de 43 ministerios y centenares de empresas del Estado, la mayoría de ellas improductivas, una pesada carga que poco o nada rinde. El dinero que debería usar en aumentar los sueldos de enfermeras, maestros, médicos, policías, se esfuma en mantener estructuras burocráticas, instalaciones y equipos de empresas estériles, que nada producen y que, en manos de los propios ciudadanos, de universitarios, de empresarios, de técnicos con experiencia en esos ramos, es decir, del sector privado, serían ajenas al clientelismo político, lejos de presiones de sectores interesados ​​en mezquinos beneficios. En nuevas manos esas empresas pueden darle al país el rendimiento que hoy no tienen, brindando mejores servicios, aumentando la producción y garantizando mejores salarios. 
Hoy, lamentablemente, esas empresas son un desagüe de los dineros públicos, lo que en tiempos de bloqueo económico debería ser corregido y evitado celosamente. Ese despilfarro es una de las razones por las que no hay dinero para aumentar los sueldos a maestros, enfermeras y policías. Es hora de transferir los recursos que hoy se malgastan en esas empresas hacia la salud, la seguridad y la educación.Para mantener todo ese aparataje de empresas públicas y de excesos ministeriales el gobierno crea dinero sin respaldo, dinero inorgánico, que es uno de los detonantes de la inflación, lo que lleva, cada tanto tiempo, a nuevos reclamos de aumentos salariales que el gobierno no puede satisfacer, condenando a millones de trabajadores a precarios niveles de ingresos.Mientras tengamos este modelo de Estado que es dueño de todo, que tiene que ver con todo, que mantiene un bosque de 43 ministerios y de centenares de empresas improductivas, obligado a financiar y mantener todas esas estructuras burocráticas y plantas físicas, no habrá dinero en el mundo que alcance, no se dará a la educación ya la salud la relevancia que tienen, no tendrán ingresos dignos los educadores ni los médicos y enfermeras. Y los venezolanos no tendremos educación y salud de calidad. Enfrentar este grave problema requiere reestructurar el Estado. Lo otro es irse por las ramas. Ese es el debate de que los trabajadores deben reclamar para que en serio se derrote la inflación y tengamos ingresos y servicios de calidad. Vayamos a las causas. Reformamos el Estado.

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